LA DAMA Y EL EGOISTA.

Todo acabó un jueves por la tarde, recuerdo que era septiembre y estabamos en una heladería, el único lugar capaz de soportar tanta frialdad entre ambos.

Yo me había arreglado mucho, había tomado la determinación de dejarlo y quería que cuando pensara en mí, siempre recordara lo linda que era.

Cuando nos vimos, apenas me miró, comenzó a hablar de si mismo hasta que llegamos a la heladería. Allí me armé de valor y le expresé mis dudas sobre lo nuestro. Le pregunté si estaba con otra.

Él era muy fanfarrón, le encantaba contar sus conquistas. Entre eso, los últimos rumores que me habían llegado, su falta de interés por mí y el evitarme, di por sentado que ese era el problema.

En cuanto le planteé el tema me miró por fin a la cara, no era una sonrisa lo que me dedicó, fue una mueca, sus ojos estaban vacíos y reconocí al instante su significado. Había visto la misma expresión demasiadas veces en el rostro de Ella en la infancia.

El tema no era que me eludiera a mí, el tema era que estaba hastiado de sí mismo, no podía soportarse, había perdido todo aquello que amaba, toda su vida se había derrumbado en un instante, deseaba morir. Y si alguien no se aguanta a sí mismo… ¿Cómo iba a ser capaz de soportar a los demás?

Al entenderlo hice lo que mejor supe hacer, fingir que ya todo estaba bien, intentar volverme invisible mimetizándome con el sabor de los helados para no causarle mas problemas, fundirme con la brisa de la tarde para no hacerle mas preguntas y evitar ser una carga mas. Decidí dejar de existir, dejarle hablar, dejarle hacer. Pero nada dio resultado, seguía inerte, inmóvil, era un cuerpo sin alma que se movía de manera automática, las pocas horas que las pastillas le permitían interactuar en el mundo de los vivos.

En los días siguientes provoqué que saliera todo su dolor y su rabia, que dejara salir todo el veneno que llevaba en su interior, al fin y al cabo, nunca sería peor de lo que pasé con Ella.

En cuanto a mi propio dolor, en ese momento lo desterré de mi vida, me volví insensible, preferí no sentir nada. Al fin y al cabo, yo solo estaba de paso en su vida, sus planes nunca incluyeron un futuro conmigo, sólo fui el Motel, donde por un tiempo se sintió seguro.

Esta entrada fue publicada en Fantasía. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a LA DAMA Y EL EGOISTA.

  1. yo dijo:

    Esto visto que en esta vida cada uno tiene lo que se merece.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s